LAS AVENTURAS DE PEDRO URDEMALES PDF

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Author:Yozshujar Kagaktilar
Country:Canada
Language:English (Spanish)
Genre:Photos
Published (Last):21 February 2016
Pages:453
PDF File Size:9.92 Mb
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ISBN:782-2-56762-636-6
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Pedro, un pillo que trata de sacar provecho de toda circunstancia. Sin embargo, como explica el autor, la opinin ms importante sobre Pedro es la que se forme despus de conocer las aventuras y desventuras de este tipo sufrido, de este huasito que, segn dicen que dice, viene del campo, pero no de las chacras Floridor Prez naci en Yates, Chilo continental, en Ha sido profesor de escuela y universidad por muchos aos y ha escrito libros para nios y adultos.

En el difcil gnero de la poesa infantil ha publicado Cielografa de Chile y pronto aparecer Navegancias. Pedro Urdemales un huaso del campo, pero no de las chacras Cuando yo era nio, conoc a Pedro Urdemales en mi Libro de Lectura, donde era el cartero del otro mundo. A la salida de la escuela me volva lentamente a casa, detenindome en cada esquina, sin perder la esperanza de verlo entrar al pueblo montado al revs en un burro, mirando hacia atrs Urde - males!

Con ese apellido le resulta bien difcil negar su fama de pillo. Sin embargo, l asegura que no engaa a nadie. Otra cosa mu y distinta es que no se deje engaar! Y yo dira que junto con algunas diabluras suele darles u n merecido escarmiento a los avaros, que quisieran tener una ollita que caliente sin fuego, o un rbol que en vez de frutos d dinero, o un sombrerito que pague sus gastos Pedro Urdemales les dice no, seores: si quieren gastar menos, economicen combustible, gnense el dinero con el sudor de su frente y paguen sus deudas.

Pero la opinin ms importante es la que cada uno se forme despus de conocer las aventuras y desventuras de este roto sufrido y divertido, de este huasito que, segn dicen que dice, viene del campo, pero no de las chacras Floridor Prez Una verdad del porte de un cerro Un pueblino de esos que creen saberlo todo, se encontr con Pedro Urdemales en un polvoriento camino rural. Al verlo de chupalla, pantaln arremangado y ojotas, se le ocurri burlarse de ese huasito. A poco de entablar conversacin, le dijo: Y qu tal es para calcular, amigo?

Me defiendo no ms, seor respondi Pedro, con humildad. Bueno pues, dgame entonces, de cuntas camionadas calcula usted que podra llevarme a la ciudad aquel cerro? Y le mostraba el cerro ms alto del lugar, en cuya cumbre una enorme cruz pareca abrazar al valle. Pedro se acomod la chupalla con aire pensativo: Eso depende del tamao de su camin, caballero. Si su camin es de la mitad del cerro, va a necesitar dos camionadas. Pero si se consigue un camin del porte del cerro, de una camionada se lo lleva!

La apuesta con un campen Una helada maana de invierno, camino de la ciudad, Pedro Urdemales encontr un gorrin casi escarchado, que ni poda caminar, mucho menos volar.

Compadecido, lo recogi y se lo ech al bolsillo. Entrando a la ciudad pas por el estadio, donde se entretuvo mirando a un atleta que se entrenaba en el lanzamiento de la bala. Pedro pareca tan interesado, oye el deportista pens jugarle una broma y lo llam a la pista.

Pareces un huaso forzudo le dijo a modo de saludo y si me ganas a lanzar la bala, te invitar a una parrillada en el restaurante del frente De una cancha vecina haba cado una desteida pelota de tenis, y el lanzador la tom, simulando que pesaba como las balas de fierro con que se estaba entrenando.

Luego, tomando impulso, la lanz con tal fuerza, que fue a caer debajo de las galeras de la cancha de ftbol. Lejazos la tir! Y mientras el atleta aprobaba sin preocuparse de lo que lanzara, Urdemales cambi la piedra por el gorrin que llevaba en el bolsillo. All va! El atleta no sala de su asombro, mientras eso que crea una piedra cruzaba sobre la pista, las galeras y hasta las blancas murallas del Estadio Municipal. Por un momento temi que el peascazo fuera a caer justo en los ventanales del restaurante del frente, donde ahora debera ir a pagar su apuesta a Pedro Urdemales, que ya lo esperaba con un hambre olmpica.

Las tres flores El fundo Las tres flores era la admiracin de todos en la comarca. A los agricultores se les haca agua la boca ver sus rubios trigales, y a los huasos jvenes, las rubias trenzas de las tres hermosas hijas de su propietario: Rosa, Margarita y Jazmn.

Sea porque el padre no se consolara de su temprana viudez, sea que pensara que en la zona no haba amistades dignas de l, lo cierto es que rara vez sala de su propiedad. Y las nias? Si las nias se animaban a pedir permiso para paseos o Fiestas la respuesta del padre era siempre: no! Era difcil creer, entonces, que Pedro Urdemales pudiera presentarse con las tres seoritas en la inauguracin de las prximas ramadas de Fiestas Patrias.

Pero as lo haba asegurado l en unas carreras a la chilena. Y las apuestas no se hicieron esperar. La ms sonada fue la de un conocido agricultor, que le prometi un caballo ensillado si llegaba con las tres nias Pero si no lo consegua, debera cosecharle a echona, sin ayuda y gratis, una cuadra de trigo. Como vspera de fiesta, en las casas del fundo Las tres flores ese 17 de septiembre se almorz cazuela de pava y empanadas de horno.

Hasta una jarra de vino de su propia mesa mand el patrn a la cocina, pero aunque todo estaba sabroso y todos gozaban la comida y la bebida, Pedro Urdemales andaba desabrido.

Cmo hara para ganar la apuesta? La inauguracin oficial de las ramadas sera a las siete de la tarde, y a las cinco, metido ya en su pantaln de mezclilla y su camisa a cuadros, Pedro recibi la orden de acompaar al patrn a la loma. Dos leadores haban descubierto all un derrumbe en un canal de riego, y era urgente remediarlo.

Como para ese caso de nada servan las hachas de los leadores, el patrn le dijo a Pedro: Te veo demasiado elegante para esto: te puedes ir a esas ramadas, pero antes mndame a Ruperto con las tres palas grandes.

Las tres! Ya en la casa, se plant frente a las tres hermanas: El patrn se ha arrepentido de negarles permiso, seoritas, y me manda que las lleve a las tres a la inauguracin de las ramadas. Y como a las bellas nias, con toda razn, les costaba creer lo que oan, les dijo: Asmense a esa puerta y lo vern.

Acto seguido se par en medio del patio y, haciendo bocina con las manos, grit hacia la loma: :Patrooon! Me dijo que lleve las treeees? Y el patrn, impaciente, respondi: -Siii Ya ven les dijo Pedro-, y a l no le gusta repetir las rdenes.

Y eso s lo saban muy bien sus hijas. Y mientras Ruperto suba la loma cargando las tres palas, por la puerta del fondo Pedro suba su preciosa carga al coche. Y no par el trote hasta ver las banderas de las ramadas ondeando al viento. Los cerdos empantanados Aburrido de su fama de hombre poco serio, Pedro Urdemales se decidi a buscar trabajo, y lo encontr en una granja.

Y sucedi que el granjero, descontento con su crianza de cerdos, se decidi a vender el ltimo pio. Dan poca ganancia -dijo l. Y muy mal olor agreg su mujer.

Como Pedro se haba ganado pronto su confianza, no dud en mandarlo a vender el pio a la feria ms prxima. Fij el precio de cada cerdo y dijo a Pedro: Este ser tu primer negocio, si le sacas mejor precio, tendrs una buena comisin. Eso le pareci muy bien a Pedro, que ya empezaba a comprender que tener ganancias era parte de las preocupaciones de todo hombre serio Arrear media docena de cerdos no era tarea fcil, y a Pedro le costaba evitar que se metieran a un gran pantano que haba justo al lado del camino.

En eso estaba, rabiando con los cerdos, cuando lo alcanz un jinete que pareca hombre de negocios. Bonitos sus cerdos, amigo Los lleva a la feria? Para all voy. Si es as, yo se los compro aqu mismo propuso el jinete, ofrecindole el mismo precio fijado por el granjero. All pagan mas --coment Pedro, hacindose el desinteresado. Seguramente replic el comerciante, pero los compran al peso, y ha pensado cuntos kilos bajarn en el viaje? Pedro no lo haba pensado ni pensaba pensarlo, pero puso cara de pensativo.

Lo que en realidad calculaba era cunto ms se cansara l mismo en el resto del viaje. Yo se los vendera, mi seor dijo por fin Urdemales con exagerada humildad, pero con una condicin. Si es por el pago, pienso hacerlo en efectivo No es cuestin de dinero -aclar Pedro-. Es algo ms importante Es que he criado a estos chanchos desde pequeos, y me gustara guardar sus colitas de recuerdo El jinete pens que era lo ms descabellado que haba odo en su vida, pero el negocio era bueno y como l quera el pio para hacer cecinas, nadie le reclamara una ridcula cola.

Echando pie a tierra y mano al pual que llevaba en su montura, fue cortando cada cola de cerdo que Pedro iba guardando cuidadosamente en un pauelo, tal como las seoras antiguas guardaban las monedas de ms valor. Hecho el negocio, Pedro Urdemales se sent sobre una piedra con cara de hombre que vea partir algo muy querido.

Pero apenas el comprador se perdi eras un monte, se par gilmente y se dedic a pegar cada colita de cerdo en la zona ms endurecida del pantano. No bien termin tan curiosa labor, apareci otro jinete en la misma direccin del anterior. Tan pronto lo vio, Pedro se puso a caminar de un lado a otro, con ademanes de hombre desesperado. Ya no hay remedio, amigo -exclam Pedro, mostrndole el pantano-. Un ao engordando media docena de cerdos, y ahora que los llevo a la feria, un perro me los espanta y se van de cabeza al pantano No ms las colitas se ven, como hacindome burla.

Slo entonces el jinete observ el pantano, tratando de recomponer la escena ocurrida. Entre frases de consuelo fue averiguando el tamao de los cerdos y calculando cunto produciran convertidos en manteca, jamn y longanizas En fin -dijo el jinete, siempre con tono de consuelo-, mejor es perder menos que ms, y si parados en el camino sus cerdos valan mucho, en el fondo del pantano no valen nada.

Por suerte para usted yo iba a comprar cerdos a la feria , y me atrevo a ofrecerle unos buenos pesos ah mismo donde estn, a ver si recupero algo.

Pedro no dijo ni s ni no, pero cuando el jinete le extendi los billetes, se los ech al bolsillo con cara de resignacin, y parti. El comerciante volvi al galope a buscar gente que le ayudara a sacar del pantano aquellos cerdos que tan barato le haban costado. Pedro Urdemales regres donde el granjero, y rindi detallada cuenta de la venta de la media docena de cerdos que llev a la feria. Pero nada ms

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